Desde ese momento comenzó mi vida hacia un aprendizaje bastante completo en sistemas informáticos. Recuerdo que comencé con acceso al sistema de gestión de hosting; mi trabajo era hacer soporte técnico.
La oportunidad me la dio Ramphy Rojas, el dueño de la empresa. A él y a su familia les debo más que un primer trabajo: el trato cálido, la paciencia y la confianza con la que me recibieron abrieron la puerta a todo lo que vino después en este mundo de la informática. Aprendí mucho de su mano —y aún hoy, con el tiempo, sigo agradeciéndolo.
Estaba súper encantado de ir aprendiendo y descubriendo cómo funcionaba la empresa, ver los errores comunes, los tickets de atención. En el día a día, quienes más me enseñaron fueron Manuel Zerpa y un tal Luis.
Cada mañana, los tickets eran de mi vital atención. Como una persona aún no contaminada por las redes sociales, y con la atención al máximo, la tarea de responder la mayor cantidad de tickets y aprender a hacerlo de forma rápida y completa era algo que me motivaba.
Aprendí cómo eran los precios, descuentos, dominios, TLD, tipos de dominios, DNS, certificados, páginas web, distintos tipos de productos, VPS, Proxmox, entre otros. Solía responder, recuerdo, entre 20 y 50 tickets al día, sumando atención por chat —que me fue dado después— y, por último, atención por llamada.
Con el tiempo me familiaricé mucho en la detección de errores, desde los más comunes a los más complejos: errores de caché, errores de dominios (DNS, vencimientos), errores de librerías, versionados PHP, errores de instalaciones y configuraciones de virtualizaciones de los VPS. En ese momento los VPS eran muy usados, así como las páginas web basadas en PHP.
También había muchos errores de facturación y otros provenientes de configuración. Responder de forma amable, sencilla y eficaz a problemas complejos —que no siempre entendían los usuarios— era una forma bastante interesante de aprender a tratar a las personas.
"La satisfacción mental de aprender cosas nuevas nos permite sentirnos muy satisfechos con nuestra realidad."
Pasaron los meses, hasta que la situación país empeoró. Se robaron los cables de internet de la urbanización dejándonos desconectados nuevamente. Esto ocasionó una serie de problemas con mi trabajo: al no tener una buena conexión, se me dificultaba mantener la excelente atención.
Para remediarlo solía ir a trabajar a la casa de unos amigos que me brindaron el porche de su casa para establecer mi oficina: la familia Martínez, hasta el día de hoy más que una familia para mí. Al pasar las semanas, tarde o temprano, ellos también fueron víctimas del robo de cables y terminaron sin tener internet.
En ese tiempo, caminaba una hora para llegar a un centro comercial, trabajar todo el día y volver caminando a casa. Lo hacía casi a diario. Porque aunque todo a mi alrededor se derrumbara, había una frase que me repetía sin descanso: haz que valga la pena.
"Cada paso de regreso a casa era la prueba de que cada reto superado te eleva el estándar de lo que eres capaz de soportar."